Volver
Blog
Primero  Anterior  1  2  Siguiente  Último  

Un crucero por el Báltico
 
Esta forma de viajar se ha convertido en un auténtico destino vacacional como tal. Nada de mover maletas de un sitio a otro. Disfruta de conectar ciudades separadas entre sí con comodidad, auténticos hoteles flotantes con todas las comodidades y ventajas. En esta entrada del blog, zarpamos por el Báltico.

Un mercado que ha cambiado mucho en los últimos años. Ha pasado de ser el rey de la tercera edad de clase pudiente a una alternativa muy completa y asequible para distintos públicos. ¿Viajas en familia? Bienvenido. ¿Vas en pareja? Perfecto para vosotros. ¿Viajas solo? Ideal para conocer gente y divertirte. La edad media del crucerista ha bajado desde lo 70 años hasta un rango situado entre los 35 y los 50. Aunque hay quien cree que se puede marear, también es cierto que es una forma muy fácil y cómoda de viajar. Y no, no marea.

HELSINKI
Facturar la maleta y deshacerte de ella hasta la llegada al camarote, no tiene precio. Así, como por arte de magia, cóctel de bienvenida en mano. Una ruta por el primer puerto de la travesía deja ver maravillas como el barrio Otaniemi, la ciudad universitaria, la plaza del Senado, el monumento a Sibelius o la catedral ortodoxa de Uspenski. Otra gran obra arquitectónica de la zona es la iglesia de Temppeliaukio, una iglesia de planta circular excavada en la roca con una acústica espectacular. La estación de ferrocarriles es un edificio bastante llamativo, considerada una de las estaciones de tren más bellas del mundo.  

 

La catedral luterana, en pleno centro de la ciudad, fue construida como homenaje al Gran Duque Nicolás I, quien fue zar de Rusia. Su escalinata, su arquitectura y su aspecto presidencial es uno de los iconos de la ciudad. En los alrededores de la catedral puedes pasear por jardines, por la calle más comercial de la capital donde encontrarás todo tipo de marcas para todos los bolsillos y tomar algo en las terrazas de los bares y restaurantes si vas en época de calor.

SAN PETERSBURGO
Es imposible ver esta ciudad al completo en dos jornadas, es impresionante y su arquitectura es ilimitada. Es la parte mala de los cruceros, que siempre hay prisa y horarios muy estrictos que cumplir. No obstante, San Petersburgo es sin duda una de las paradas estrella, aprovecha bien el tiempo. Pasear por la Avenida Nevski, un paseo en barquito por el río Nevá, el Palacio de Santa Catalina.

Atención a dos cosas que no te puedes perder en tus visitas. La primera, descubrir el estilo neorruso de la iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada: te dejará sin palabras. La segunda, el museo del Hermitage, que también te dejará atónito por sus colecciones, su magnificencia, su composición y el tesoro que alberga en su interior.   

 

TALLIN
El estilo medieval en estado puro. Es como meterse en un cuento: fortalezas amuralladas, torreones, callejuelas adoquinadas con un trazado rocambolesco. Los tonos de las calles, las fachadas, te transmitirán una mirada al pasado europeo. Una ciudad realmente cómoda para pasear y tomar algo, para visitar a pie sus principales monumentos. La colina de Toompea y el barrio de Vanalinn, que reúnen un auténtico catálogo monumental.

ESTOCOLMO
Una ciudad construida sobre 14 islas principales y multitud de islotes, un auténtico laberinto de agua y tierra. Dispone de 57 puentes que ayudan a desentramarla. Su red de metro está considerada una galería de arte contemporánea de Suecia. Sin duda es la ciudad de los museos: el Vasa Museet, donde se expone un buque de guerra que da nombre al museo, y muy cerca, el Museo Abba donde podrás cantar virtualmente con los componentes del grupo.

Toda visita a esta ciudad debería empezar por el barrio de Gamla Stan, donde se fundó la ciudad en el siglo XIII, un casco histórico de los mejores conservados de Europa. En Stortorget, la plaza antigua, verás las casitas típicas de colores y el callejón más estrecho del país, de 90 centímetros de ancho.

Lo peor de los cruceros es tener que bajarse de ellos para volver a casa, pero nos quedamos con lo bueno que nos ha dejado el legado histórico del Báltico.

 

El lado módico de Miami

Nos imaginamos este destino por todo lo alto. Famosos y empresarios de primera en cada esquina, tiendas de lujo, la mejor estética masculina y femenina, una gran ciudad con posibilidades de ocio y entretenimiento muy caras. Lo cierto es que hay de todo, y esas ideas preconcebidas son tan grandes como el océano que tendrás que cruzar para llegar hasta Miami.

Una playa de agua esmeralda, con arena blanca muy fina, sol y buena temperatura constante. Una toalla, un bañador, una tumbona y una bebida en la mano. A pocos pasos de la orilla, un paseo marítimo cosmopolita da lugar a un auténtico bosque industrializado: rascacielos en masa, las marcas más populares, empresas y todo aquello relacionado con el mundo globalizado. Creías que no era posible, creías que quedaría para siempre en la lista de tareas pendientes, que recrearías en tu cabeza una y otra vez lo que la televisión ha dejado en tu subconsciente. Y, por fin, estás en Miami.

 

Según los últimos registros, tanto la población residente como los turistas, se desplazan a los barrios downtown en lugar de a South Beach, donde una bebida puede llegar a costar unos veinte dólares. Animar a los Heats de Miami en la imparable NBA o a los Darlins en el estado de béisbol Marlins Park nunca te resultará tan fácil. A tan solo tres kilómetros del centro y un lugar perfectamente comunicado con la gran ciudad puedes encontrar de todo a un precio más asequible y, además, no te costará casi nada moverte de un sitio a otro.

A parte de los taxis, autobuses o metro, el turista puede moverse entre los distintos puntos de interés con el “metromover”, un sistema muy cómodo y gratuito formado por 21 estaciones y que se ha convertido en un elemento vital de la ciudad desde su implantación en 1986. Las paradas permiten moverse por los barrios de Brickell, Park West y Omni, así como conexiones con el aeropuerto internacional de Miami, por lo que la facilidad para moverse por la ciudad es total.

La multiculturalidad es una de las claves de este destino. Si te gusta el arte, visita el Museo de Arte Pérez y da un paseo por Miami-Dade, donde convergen todo tipo de actividades culturales, sobre todo de carácter latino, y la mejor gastronomía de fusión con influencias de todo el mundo. ¿Te apetece hacer una ruta culinaria? South Beach Food Tour y Little Havana Food Tour son las mejores opciones. ¡Y siempre con buen clima!

 

El barrio de Wynwood es otra idea que puedes valorar cuando organices el recorrido de tu viaje. Esta zona de Miami, antiguamente deprimida, tuvo que esperar a 2009 para ser rescatada. En la actualidad se trata de un gran espacio moderno con más de 70 galerías, museos, colecciones, restaurantes, espacios dedicados a la belleza y tiendas al por menor. La zona cuenta con obras realizadas por los artistas callejeros con fama internacional más conocidos.
 
Gracias a la promoción del concepto downtown, se puede disfrutar de una ruta guiada por el Wynwood, uno de los museos al aire libre más grandes del mundo. La actividad, que dura casi tres horas y cuesta alrededor de los 70 dólares, incluye hasta 7 paradas en distintos restaurantes.

Para realizar un recorrido con más tiempo, ten en cuenta que el último sábado de cada mes se celebra el Wynwood Art Walk, momento en el que las galerías, museos, estudios de artistas… abren hasta más tarde lo habitual y ofrecen música en vivo y bebidas a los visitantes.

OTRAS OPCIONES QUE VISITAR
Miami Seaquarium
El Zoo de Miami
El centro comercial al aire libre de Bayside Marketplace
El Coconut Groove, donde podrás encontrar el Museo y los Jardines de Vizcaya, hoteles de alta categoría, el Museo de Ciencias de Miami y el famoso espacio de entretenimiento CocoWalk.
 
Sin duda es una de las urbes más acogedoras y sorprendentes de Estados Unidos. Fiel a todas las nacionalidades que la componen, Miami es hospitalaria, internacional y mágica.

 

Rajastán, una tierra de reyes a las puertas del desierto

Se trata de uno de los nueve estados que forman la República de la India. Recorrer Rajastán es realizar un viaje en una máquina del tiempo. La región ofrece una arquitectura de valor incalculable, testigo del desarrollo de grandes culturas que dejaron su impronta en las edificaciones.  Tal y como se traduce su nombre, una ‘tierra de reyes’ que da paso a un país de contrastes y colores en armonía con las siempre misteriosas dunas del desierto.

En sánscrito significa “tierra de reyes”, que procede del nombre del clan que gobernó en el siglo VI, los rajputs, “los hijos de los reyes”. Estos soberanos fundaron diferentes reinos por el norte del país, influidos por la cultura musulmana procedente del sultanato de Delhi y por el imperio mongol. Y seña de este crisol de civilizaciones son los monumentos arquitectónicos de Rajastán, una muestra de la magnificencia de los descendientes reales.

La arquitectura define a Rajastán tanto como su idioma, su idiosincrasia o sus valores culturales. Las tres ciudades más emblemáticas de la zona reciben como sobrenombre el color que predomina en sus edificios, un hecho que muestra la importancia de las edificaciones y de cómo estas se desarrollaron. Por ejemplo, Jaipur, recibe el apelativo de “ciudad rosa”; Jodhpur, la “ciudad azul” y Jaisalmer, la “ciudad dorada”. Es hora de dar un paseo por el estado de Rajastán…

 
 
LA CIUDAD ROSA
Jaipur fue construida en estuco rosado para imitar el tono y la textura arenisca, algo que, desde entonces, se considera un símbolo de hospitalidad hacia los visitantes. Uno de los edificios más importantes e interesantes de la ciudad rosa es el Hawa Mahal o Palacio de los vientos, situado en el centro de la ciudad y sin jardines, en contraposición al estilo típico ajardinado de la época. Se construyó como extensión de la cámara de las mujeres destinada al harén y su función era que las féminas de la corte pudiesen ver la calle sin ser vistas: 953 ventanas que, además de permitir el cotilleo, servía como refrigeración en verano (de ahí el nombre del Palacio de los vientos).

A las afueras de la ciudad te espera el impasible Amber Fort, un conjunto de palacios envuelto en una fortificación a la que se puede acceder subidos en elefante, como hacían los reyes, los rajputs, en la antigüedad. Uno de los espacios más llamativos es la sala o vestíbulo de los espejos, combinados de tal manera que la habitación se podía atravesar de noche con una iluminación maravillosa con tan solo la luz de una vela situada en un punto estratégico.
Otro edificio relevante es el Jantar Mantar, uno de los cinco observatorios astronómicos del país, con más de 27 metros de alto.

 
 

LA MIGRACIÓN DE LA CIUDAD DORADA
Una de las joyas de la India. En la frontera con Pakistán y en pleno desierto del Thar, se encuentra esta ciudad construida con arena. No te pierdas el fuerte, los templos jainistas y las havelis. Más allá de la arquitectura magistral rajastaní, uno de los elementos monumentales más importantes de este estado es la propia del periodo de la colonización británica. Durante esta época, Rajastán sufrió una gran crisis económica y escasez y muchas familias de Jaisalmer tuvieron que emigrar en búsqueda de prosperidad para continuar con sus negocios. Muchos de ellos hicieron fortuna con cierta facilidad e invirtieron su dinero en construir grandes palacios y mansiones, normalmente decorados con influencia colonial. Así, en Mandawa, por ejemplo, podemos ver una haveli decorada con una máquina de tren.
 
LA CIUDAD AZUL
Dos de las fortificaciones más importantes de Rajastán son la de Mecherengar Fort, en Jodhpur: se encuentra perfectamente conservado y además es majestuoso, por lo que su visita será difícil de olvidar. El otro es el fuerte de Jaisalmer, donde todavía viven las familias de clase alta y adinerada de la ciudad.

La arquitectura de la zona te dejará sin palabras, un recuerdo de belleza marcado en la retina. Pero la hospitalidad del pueblo indio y su riqueza interna te robarán el corazón y los sentidos.

 
 

Extremadura, la maestra del agua dulce

Es la región europea con más kilómetros de costa de agua dulce. Hablar de Extremadura es hacerlo de sus ríos, de sus embalses y pantanos. Viajar a Extremadura es visitar los vestigios de una civilización antigua que ha dejado un legado único y un patrimonio monumental inigualable en el presente. Buena gastronomía, personajes únicos que han marcado la historia de España, espacios naturales cargados de belleza por su fauna y su flora… Un auténtico paquete turístico rural perfecto para tus días de descanso.

Imagina la llegada de la primavera. Los días se van a haciendo más largos, más soleados y, por supuesto, más calurosos. Con la llegada inminente del verano, ¿a quien no le apetece un paseo y el primer baño de la temporada? ¿O hacer actividades al aire libre? ¿No tienes gana de una cerveza amparada bajo un rico Sol primaveral en compañía de un buen plato de comida? Extremadura ofrece esto y mucho más: navegar, windsurf, un baño en una piscina natural o en una playa de agua dulce.

 

Esta es la primera opción: ¡ir a la playa! La de Orellana, en la comarca de La Serena, es la única playa de agua dulce con bandera azul de España. Aguas transparentes, ligero oleaje y una brisa suficiente como para poder navegar a vela en pleno corazón de Extremadura. El agua está limpia, no tiene arena pegajosa y es totalmente accesible. Además, se encuentra en un enclave de interés ecológico añadido al situarse en una zona de especial protección de aves. Si no te gusta mancharte los pies, ni siquiera de tierra, puedes ir a la parte que tiene la orilla de cemento.
Otro gran recurso natural de Extremadura es el Valle de Ambroz, justo donde acaba la Sierra de Gredos, en el límite con Salamanca. Se trata de un paisaje de contrastes entre los altos picos montañosos, a más de 2.000 metros de altitud, y la depresión de sus valles, que apenas llegan a los 450 de altura. En un recorrido que no supera los 25 kilómetros podrás encontrar hermosas estampas naturales, un aire limpio y varias piscinas naturales que otorgan a Extremadura el sello de maestra del agua.

 
La piscina de Abadía es la de mayor tamaño, construida en el cauce del río Ambroz. Ofrece un merendero, una zona de aparcamiento y grandes sombras para el disfrute de la naturaleza. Justo al lado hay un mirador que no te debes perder.

 

En la carretera que une Segura de Toro con Aldeanueva del Camino puedes disfrutar de otra piscina. La de Segura de Toro, que recibe el agua de la Garganta Grande, y donde podrás disfrutar de la gastronomía típica de la zona en los chiringuitos próximos. Un auténtico baño reparador que terminará como merece: con el estómago lleno. No te lo pierdas.

En este recorrido relacionado con el agua mágica extremeña no podemos olvidarnos de la playa de Cheles, en el gigantesco embalse de Alqueva, sobre el Guadiana, entre Badajoz y Portugal. Se trata de un auténtico reclamo turístico y su oferta lúdica es cada vez mayor. La playa, a la que se accede por una pista de tierra, ofrece una orilla de arena, restaurante, aparcamiento y la posibilidad de practicar diferentes deportes náuticos y paseos en barco.

Entre tanto paseo y ejercicio, no olvides alimentarte bien. En Extremadura se come de lujo y tienes muchísimas opciones. Cualquier derivado del cerdo ibérico criado en la dehesa, el mítico jamón ibérico de bellota con denominación de origen, el cordero, deliciosos quesos y tortas, pimentón de La Vera, aceites de oliva, miel y buenos vinos. Las conocidas sopas, de ajo, de tomate o de antruejo. Si vas en verano, cómo no, tómate un gazpacho, un cojondongo o una rica ensalada de naranja o de limón.

Un espectacular paisaje de aguas cristalinas y puras, procedentes de los manantiales de la sierra, que te renovará la energía con sus imágenes únicas y su gastronomía.

 

 

Kiev, una ciudad de leyenda


Cuenta la leyenda que Kiev fue fundada por cuatro hermanos de origen vikingo. Realidad o mito, lo cierto es que la ciudad es un auténtico complejo monumental marcada por una historia llena de tragedia. Estratégicamente colocada a los pies del río Dniéper y uno de los enclaves más importantes del mundo hasta el siglo XIII, Kiev acoge hoy a los visitantes entre palacios, iglesias y estatuas que representan lo vivido en una ciudad que parece un museo.

Se llamaban Kyi, de donde la ciudad toma su nombre en ucraniano, Shchek, Horiv y la princesa Lydid: son los fundadores de la ciudad de Kiev. Cierto o no, nunca lo sabremos, así describen los ucranianos el origen de su ciudad. Lo que sí sabemos, porque así lo cuenta la historia, es que el enclave fue devastado por los mongoles en el 1240 y, a partir de ahí, ya vinieron todos los demás: lituanos, polacos, tártaros y los rusos con la sovietización de los años 20. Poco a poco, de invadida a industrializada y pasando por una hambruna que asoló el país en el 30 y tras la ocupación nazi en los 40, Kiev resurge de sus decadencias para dejar un escenario único al turista.

 


COSAS QUE VER

El legado monumental de Kiev es su principal atractivo, tanto, que pasear por las calles de la ciudad es como hacerlo por un museo histórico. La catedral de Santa Sofía es un buen punto de partida de tu viaje, una obra de la arquitectura medieval que impresiona por dentro y por fuera. Mosaicos y frescos de arte bizantino testigos del recién aceptado cristianismo en el siglo XI, donde fueron bautizados príncipes y donde se instauró la primera biblioteca de Europa Oriental.
 

El monasterio de Pecherska Lavra o de las Cuevas es uno de los principales centros del cristianismo ortodoxo. Justo ahí se encuentra la catedral de la Asunción, que fue destruida por los soviéticos y recuperada a finales del siglo pasado, en compañía de varias iglesias que se encuentran aún dañadas por las invasiones de los nazis y de las tropas rusas durante la II Guerra Mundial. Un auténtico repaso de la historia del mundo entre ruinas, reconstrucciones y misticismo.
 

Los soviéticos, durante su imposición en los años 30, destruyeron también el monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas al considerar que la construcción no ofrecía ningún valor histórico ni artístico. Parte de sus mosaicos fueron trasladados a San Petersburgo y Moscú. Ya recuperada, es un lugar muy interesante. Se encuentran cerca la catedral de San Vladimir y el monasterio de origen medieval de Vydubychi. Con esto, ya tienes una lista de los edificios religiosos de mayor interés.
 

La arquitectura civil de Kiev también es sorprendente. La Puerta Dorada, que pertenecía a la antigua muralla de la ciudad; el monumento a la Gran Guerra Patriótica, de clara impronta soviética; el Palacio de Mariyinsky; la casa de las Quimeras o el Palacio de la Ópera te darán otra perspectiva más de la propia historia de la capital de Ucrania.
 


PASEOS Y GASTRONOMÍA

Kiev es una de las ciudades europeas con más zonas verdes. A lo largo del río Dniéper se pueden encontrar gran cantidad de parques y bosques y plazas arboladas en el centro, lo que hacen de la ciudad un lugar perfecto para pasear y disfrutar del entorno.
 

Un funicular conecta el centro histórico con el distrito comercial de Podil, aunque te recomendamos ir paseando por una de las calles más antiguas de la ciudad, la cuesta de San Andrés. La calle más popular es la de Jreshchatyk, una avenida amplia repleta de tiendas, restaurantes y edificios históricos donde podrás encontrar artesanía de la zona.
 

En cualquier calle se puede probar el típico borsch, un rico caldo de carne con remolacha. O los golubtsi, que son unos rollos de col. Si te gustan los platos de cuchara no te puedes perder la gribnoy, una sopa de champiñones y patatas. Para que te baje la comida, acompáñala de la bebida nacional: vodka o cerveza, pero siempre con moderación. Y, para terminar, un postre: ¿te animas con un varenyky? Es un bollo cocido relleno de requesón y frutas.
 

Kiev es un repaso de nuestra historia, de la evolución de la política mundial. Es una ciudad moderna que ofrece el mejunje perfecto entre pasado y presente. Y además se come de escándalo. ¿Te la vas a perder?

 
Polinesia francesa, rumbo al Pacífico.

 
Aunque se compone de 118 islas y atolones, de los que 67 se encuentran habitados, situarla en el mapa puede ser complicado, ahí, en mitad de la inmensidad del océano. Esta colectividad francesa de ultramar, localizada al Sur del Pacífico, es un reflejo de los sueños y aventuras de muchos. Allí donde el azul huele a trópico, la naturaleza se junta con las más antiguas civilizaciones para calar, a través de sus aguas cristalinas, en el alma del viajero.

El conocido actor Marlon Brandon no dudó en comprar una isla polinesia tras el rodaje de Rebelión a bordo. Polinesios, portugueses, portugueses en nombre de españoles, franceses, británicos y holandeses. Aproximadamente el 68% de la población de la Polinesia francesa es de origen nativo; el 16% es fruto del mestizaje entre etnias, chinos y europeos; el 11% es europeo y el 5% asiático. ¿Qué han tenido y tienen esas islas, que han cautivado al hombre desde antaño? Quizá sea su temperatura moderada, sus paisajes místicos, las aguas de cristal, las colinas con vistas al calmado océano, sus arrecifes… Lo mejor será comprobarlo en persona.

 
 
BORA BORA
La Polinesia francesa se compone de más de cien islas y atolones repartidos en cinco archipiélagos: Gambier, Australes, Marquesas, Tuamotu y Sociedad. Esta última, Sociedad, es la más importante de las cinco y donde se encuentran los principales destinos turísticos. Es el ejemplo de Bora Bora, de la que dicen que tiene cuerpo de mujer, tumbada y perezosa rodeada de arrecifes y pequeñas islas, nacida de las aguas y bendecida por los dioses. La llaman la perla de los mares del Sur y sus habitantes sienten como algo sagrado la misión de recibir con dignos honores al visitante. Su lema, “déjese vivir y Bora Bora hará el resto”. Y no suena nada mal, la verdad.

 

La primera sugerencia es recorrer la laguna de la isla con una piragua. En la mayoría de las zonas el agua llega por la cintura, así que no te preocupes por la profundidad. Te esperan unas 700 especies diferentes de peces tropicales en sus aguas cristalinas. Relájate en las playas de Matira y Tahana y da un paseo en catamarán a las islas de Raitea y Tahaa para bucear entre corales o ver los curiosos criaderos de perlas. Otras opciones son un paseo en helicóptero, un circuito en todoterreno para ver los cañones estadounidenses instalados durante la II Guerra Mundial o pasear por los comercios y restaurantes de la costa.

Cuando llega la noche la magia continúa. Después de cenar, cuando arrancan las danzas polinesias, se respira la sensualidad de los bailes que fueron prohibidos por los misioneros del siglo XIX debido a su alto contenido erótico. Siguiendo los ritmos del pahu, el pu, el toere, el hukelele y la tita, los cuerpos se mueven con gran simbolismo al son de la música. La danza llamada tamure tiene grandes pizcas de frenesí, siempre aderezado con los adornos tropicales típicos de los bailarines que hombres y mujeres lucen sobre su piel morena.
 
MOREA
Se trata de una isla de origen volcánica que recibe su nombre por una visión que tuvo un sumo sacerdote de una marae, unas construcciones antiguas realizadas con piedras o corales con forma de pirámide donde se ofrecían sacrificios a los dioses. En esta zona podrás disfrutar de uno de los centros arqueológicos más importantes, el Marae Tatiiroa: cascadas, bahías y montañas sagradas dentro de un antiguo cráter.

Cuando vayas a Morea puedes traer como recuerdo un tatuaje. Los realizan solo con tita negra, porque significa la vida y la muerte. Los precios son variables dependiendo del tiempo de ejecución y del tamaño del dibujo. No existe una tarifa fija, así que haz un sondeo antes de decidirte.  
 
Qué comer
Para llenar bien el estómago te recomendamos una Ma’a Tahiti, una comida familiar típica polinesia. Se trata de una reunión en la que se agradece a la madre naturaleza todos los bienes y víveres que proporciona. Alimentos cocidos envueltos en hoja de banana y cubiertos con piedras calientes, cocinados en un horno de suelo y tapados con hojas, una tela de saco y arena lo cubre todo para que no se escape el calor y la cocción sea perfecta. Muy curioso y bastante rico.
 
Bora Bora, Tahití o Papeete, destinos que rondan por la mente de muchos cada vacación o cada vez que compramos un boleto de lotería. Si ves que no toca, ahorra, que merecerá la pena…

 
 


Ciudad del Cabo: un destino muy cosmopolita con corazón africano


Lo tiene todo. Un paisaje espectacular y una geografía que te permitirá surfear en sus playas y caminar por las montañas entre diferentes escenarios que te mostrarán su fauna única. Otro punto fuerte es su gastronomía, amplia, variada y casera a la vez. Y todo ello acompañado de un vino propio muy seductor con el que brindar en cada rincón. Tradición y modernidad en una proporción perfecta. Así se presenta Ciudad del Cabo.

Imagina que estás sentado en la terraza de un bar tomando un vino. El bar se encuentra en una casa baja pintada de de forma llamativa. A un lado del bar continua una serie de casas de colores a lo largo de toda una calle, y al otro lado, una cala con una pequeña playa. Mientras llevas el vaso de vino a tus labios para beber, algo te detiene. Sí, has visto pasar una ballena cerca de la costa. Y te quedas con la boca abierta mientras la cola del animal se zambulle a no mucha distancia de ti. ¿Por qué no? Situada a los pies de África, Ciudad del Cabo es la segunda ciudad más poblada de Sudáfrica, después de Johannesburgo. Y allí, casi todo es posible.

No es de esperar que, en África, que en nuestra conciencia es selvática, árida y complicada, haya un buen vino capaz de cautivar a los más expertos paladares. Pero así es. La comarca vinícola del Cabo es una de las más importantes del mundo, donde se albergan más del 15% de las viñas de todo el país que producen vino de alta gama. Stellenbosh es un ejemplo de esto, grandes extensiones de viñas que nada tienen que envidiar a las europeas. Una buena opción si te gusta esta bebida es un tour por varias bodegas, donde podrás degustar diferentes variedades acompañadas de una cata de quesos, chocolates o una comida tradicional típica al aire libre. Ya que tenemos el vino y barriga llena… ¿caminamos un poco?

 

QUÉ VISITAR

Ciudad del Cabo es testigo de uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad: la detención y encarcelamiento de Nelson Mandela durante dieciocho de los veintisiete años que estuvo recluido a consecuencia de su constante lucha contra el apartheid. Una visita a Robben Island nos acerca a este pasado reciente. Escucha de primera mano experiencias de quienes compartieron prisión con Mandela, entra a la celda. Para llegar a la isla es preciso coger un ferry que tarda treinta minutos desde el Victoria & Alfred Waterfront, un recinto con tiendas, hoteles de lujo, un acuario y una noria.

El barrio de Bo-Kaap es visita obligada. Calles estrechas, con calzada de adoquines y pintadas de vivísimos colores. Tras la abolición de la esclavitud, en unas casas que se construyeron en la ladera de la colina Signal Hill, se instalaron los musulmanes y los malayos traídos por los colonos holandeses. En la actualidad es un barrio multirracial, está de moda para los turistas y también como residencia de jóvenes de diferentes etnias y religiones. Allí encontrarás varios Bread&Breakfast y pequeños hoteles con encanto.

 


 

Sube a la cima de la montaña Table Mountain, imprescindible para disfrutar de las mejores vistas de Ciudad del Cabo. Está considerada una de las Siete maravillas de la naturaleza, así que es un espectáculo visual garantizado. Aunque la montaña se puede subir y bajar a pie y sin duda merece la pena hacerlo así, si tu capacidad física no te lo permite también puede acceder a la cima desde un moderno teleférico. Desde allí, pasea por los senderos con atención-pensados y distribuidos para conservar la flora y la fauna-, nunca se sabe qué animal se puede cruzar en tu camino.


OTRAS ALTERNATIVAS

Alquilar un coche es relativamente barato, unos 80 euros a la semana. Es una buena opción para desplazarse ya que las calzadas se encuentran en buenas condiciones. La carretera costera Chapman’s Peak Drive, reabierta en 2004, es una carretera panorámica con acceso a la playa de Sandy, por cierto, la única nudista de Ciudad del Cabo. Puedes comprobar lo fría que está el agua en este meridiano, sobre todo en invierno.

Un poco más al Sur, te proponemos una pequeña ruta a caballo por Noordhoek, una playa de más de 6 kilómetros de arena blanca. Allí pueden verse los restos de un buque de vapor que encalló a principio del sigo XX durante una tormenta.

 


 

Una visita que no te puedes perder es el parque natural del Cabo de Buena Esperanza, donde conviven especies de plantas únicas en el mundo y más de 250 variedades de pájaros, cebras de montaña o antílopes. Además, cuenta con uno de los acantilados más altos del mundo, con 249 metros sobre el nivel del mar: puestas de Sol de película. Pero no despistes y mira el reloj, porque el parque cierra a una hora concreta y los retrasos en la salida tienen multa.

 

TEN EN CUENTA PARA TU VIAJE

El mejor sitio para el avistamiento de ballenas es False Bay. No obstante, ¡buena suerte! Nadie puede garantizar que las vayas a ver. Otra opción es Gordon’s Bay. La época para el avistamiento de ballenas es entre junio y diciembre, la temporada alta es septiembre-noviembre.

No es necesaria documentación específica ni visado para turismo hasta 90 días.

La moneda oficial es el rand. Un euro equivale más o menos a 15 rands.

¡Y a disfrutar de Ciudad del Cabo!

 

 


Tarifa, una ventana con buenas vistas al mar
 
La pequeña isla de Las Palomas es el punto más meridional de la península ibérica. Justo en ese lugar del municipio de Tarifa, como dicen los románticos, se besan el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. A tan solo 14 kilómetros del continente vecino, los tarifeños y sus visitantes disfrutan de un enclave único donde convergen la historia, la cercanía con África y un estilo de vida muy propio bañados, siempre, por sus dunas y playas.

Lo llaman “tarifeo”. El término no existe, o al menos no se encuentra recogido en los diccionarios, pero describe la acción de dejarse llevar por la magia de Tarifa, arreglarse más o menos para salir a tomar una copa y disfrutar de esa calma que da la playa en un ambiente tranquilo y con estilo. Ese rollito chill out que lo impregna todo. Imagina el panorama: buena temperatura, vistas insuperables, tú y Tarifa. Tú y el mar. Nada más.

Es única. Tiene encanto. Pero no solo por sus playas, que sin duda son idílicas; ni por sus puestas de Sol, tan fotografiadas como un monumento, o por el cielo cerrado cuajado de estrellas cuando cae la noche. Va más allá. Tarifa es un encuentro de culturas, de pasado, de historia, de bares, del ahora, de cosas buenas. Un paseo por el centro del municipio deja ver la influencia árabe, mozárabe y castellana: calles estrechas, muy mediterráneas, las murallas medievales, sus iglesias, sus patios andaluces y azulejos decorativos en cada recodo.

 


COSAS QUE VER
Te invitamos a dar un paseo por el centro de Tarifa, declarado en 2003 Bien de interés cultural en la categoría de Conjunto monumental. La Puerta de Jerez, el monumento y la torre de Guzmán el Bueno, el Castillo de los Guzmanes y de Santa Catalina. Bordeando el municipio y a lo largo de la costa, son también muy interesantes las torres almenaras declaradas también Bien de Interés Cultural. No olvides pasar por los faros, esas torres vigías que todo lo ven, y por las iglesias de Santa María, de Santiago y San Francisco. En la plaza de Santa María, párate a observar el edificio del ayuntamiento, de la biblioteca, el museo de Tarifa y la popularmente conocida como fuente de las ranitas.  

Sin duda el principal atractivo de Tarifa son sus playas y sus míticas dunas. Pero además de contar con aguas cristalinas y arena blanca y fina, imagina fusionar esta obra magistral de la naturaleza con la historia de la civilización: en la ensenada de Bolonia podrás pasear entre las ruinas del teatro romano Baelo Claudia. La visita al conjunto arqueológico es gratuita. ¿Imaginas cómo sería ver una obra en ese entorno, a pie de playa, bajo el cielo estrellado, en un gran teatro romano con aforo para 2.000 personas, en pleno siglo II…? No te lo puedes perder.

 
 
Dónde comer y dormir
Respecto a dónde alojarte, te hacemos una sugerencia concreta: La Residencia. Ofrece dos opciones, la primera el hotel, situado entre el puerto y centro de Tarifa, con spá y una piscina climatizada muy original con vistas a la calle. El concepto de “tarifeo” tiene su máximo en el bar del hotel, situado muy cerca de la Playa Chica y de la Playa de Los Lances. El patio árabe es otro detalle con encanto. El hotel tiene su propio restaurante, El Patio, cuya carta se basa en la saludable dieta mediterránea con influencias marroquís.

La otra alternativa de La Residencia son los apartamentos situados en la antigua muralla de Tarifa, con unas vistas impresionantes al Estrecho, una azotea con piscina exterior climatizada, una sauna y una zona de barbacoa.

En definitiva, visita Tarifa. Y disfruta de cada rincón, de cada espacio, de cada halo de historia que se respira en cada esquina, de sus playas, de su gente.

Varsovia y Cracovia, un reflejo de la historia del mundo

 
Varsovia fue, literalmente, arrasada durante la II Guerra Mundial y reconstruida, en parte, bajo la influencia del estricto régimen comunista soviético. Cracovia tuvo más suerte y no fue destruida ya que se instaló allí la sede del Comité Nacional del Tercer Reich y de su Cuartel General. Dos ciudades marcadas por el horror del gran conflicto bélico, pero también por el calor de un pueblo unido, que dejarán en el turista una mezcla de emociones y sensaciones únicas.

La actual capital de Polonia es Varsovia, una ciudad que mezcla un casco histórico totalmente reconstruido tras la II Guerra Mundial con una ciudad moderna basada en la tradicional arquitectura comunista. Un contraste arquitectónico bastante llamativo que choca con una ciudad totalmente europeizada, en todos los sentidos.

COSAS QUE VER
En Varsovia.  

El centro histórico, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha sido reconocido por la exhaustiva reconstrucción tras la devastación sufrida durante la guerra. Dando un cómodo y ameno paseo puedes ver:
La barbacana que da acceso a la Plaza del Mercado, el palacio real de Segismundo III, el monumento a Nicolás Copérnico, la tumba del soldado desconocido y el monumento al pequeño insurrecto.  
 
Más allá del casco histórico, entre los resquicios de un ambiente de la posguerra, puedes ver:
El palacio de la Cultura y la Ciencia, sin duda el edificio más representativo de la época comunista. Puedes comprar un ticket y subir al mirador de la torre, así tendrás una vista panorámica de la ciudad muy bonita. Este espacio contrasta bastante con el aire de una ciudad europea capitalista y actual. Por esa zona puedes ver un pequeño resto del muro del gueto de Varsovia y, por toda la ciudad, placas conmemorativas en el suelo haciendo el recorrido de esa pared.

Otras zonas:
Museo de la Historia de los Judíos Polacos y Museo del Levantamiento de Varsovia. Si puede ser, hazlo con audioguía. Ambos centros están muy bien montados y explican la historia de Polonia con claridad y profundidad, pero de una forma amena y muy llevadera. Cerca del museo sobre la historia judía se encuentra el Palacio de la Justicia con un monumento muy llamativo y valorado a la insurrección polaca.
El gran y cuidado Parque Łazienki, donde puedes ver conciertos gratuitos, un inesperado jardín japonés, un embarcadero y un palacio real, todo con arquitectura contemporánea.
Un paseo a los pies del río Vístula, donde podrás aprovechar para hacer uso de unas tumbonas para ver el río y tomar un poco el sol.


En Cracovia.  
El casco antiguo ofrece un catálogo de arquitectura e historia. Te recomendamos ver la Plaza de Mercado, que reparte al conjunto monumental de la ciudad. El castillo de Wawel y la catedral, donde podrás luchar con el dragón que echa fuego por la boca. La basílica de Santa María, el cuadro de La dama del armiño, la capilla en la que el Papa Juan Pablo rezaba cada mañana y La Universidad Jagellónica.

Lejos del centro de la ciudad, pero en un cómodo trayecto en coche o en autobús:
Las minas de sal de Wieliczka, una obra de minería y de la arquitectura: dentro podrás apreciar la belleza de las esculturas talladas en la piedra de sal de mina, una gran capilla, un lago e incluso un restaurante y varias tiendas. Precaución: hay una bajada de más de 100 pisos por un lugar estrecho, los túneles resultan amplios pero la idea de estar bajo tierra puede producir claustrofobia. Para volver a superficie es necesario subirse en un ascensor muy estrecho (el típico de una mina) que tarda 50 segundos en llegar. No obstante, es una ruta relajada y sin duda merece la pena vencer el miedo.

La fábrica de Oskar Schindler, convertida en un espectacular museo sobre la historia y el holocausto judíos, y el barrio judío. En esta zona, visita la farmacia del gueto de Cracovia, por la escapaban los judíos con ayuda del farmacéutico alemán que la regentaba (cuesta poco entrar, la información está escrita en unos paneles en inglés y polaco).  

Otra idea es visitar Auschwitz -Birkenau, en la localidad de Oświęcim. Pero es muy duro. Tiene una parte museística, donde se ven fotografías, objetos rescatados del campo. Avisamos de que, por ejemplo, hay una sala donde se ve una montaña de cabellos, otra de zapatos, de gafas, de maletas… Se visitas las duchas, las salas de aislamiento y tortura y un barracón donde dormían los presos. 
 
ANÉCDOTA. A mitad del siglo XVI el rey Segismundo III trasladó su corte a Varsovia, por lo que Cracovia dejó de ser la capital de Polonia. ¿El motivo? Cuenta la historia que el rey, aficionado a la alquimia, quemó parte del palacio por culpa de un experimento que le salió mal. Para reformar el palacio los reyes fueron desplazados a Varsovia, lo que dio lugar al traspaso de capitales.  
 
 


Qué comer y dónde:
No te pierdas los pierogis, una especie de empanadillas de pasta con diferentes rellenos: patata, setas, panceta e incluso una versión dulce para el postre con frutas…. Y por supuesto, las sopas: una de las más ricas es que la que lleva setas, y la más llamativa es la tradicional sopa polaca servida en un cuenco de pan. No te olvides de probar el golonka, el mítico codillo polaco al horno.
Prueba la cerveza, cualquiera, pero te sugerimos la ksiazece pszeniczne.
Te recomendamos los siguientes lugares para comer: en Varsovia, en Podwale y en Zapiecek. En Cracovia, toda la carta recomendable, en el restaurante Sukiennice. ¡Y siempre con buenos precios!

Dónde dormir:
En Varsovia, en el IBIS Warszawa Stare Miasto, a 10 minutos andando del centro histórico. En Cracovia, en el Leone Aparthotel, a unos 15 minutos andando. Muy limpios y buen precio.

Cuba, el mejor ritmo y sabor para vivir la vida

Unas diez horas de avión unen España con Cuba. Pueden parecerte muchas, pero una vez que conozcas la esencia de este pueblo sentirás que ha merecido la pena. Una isla cargada de historia, de peculiaridades, de diferentes culturas que ha sabido quedarse con lo mejor de cada una de ellas. Un ritmo distinto, un son que fluye y que sin duda te contagiarán con solo una mirada.

Cualquier cosa que hayas escuchado de Cuba posiblemente sea un tópico, pero también cierto. Pero además de cumplir estereotipos, el pueblo cubano te sorprenderá gratamente, en todos tus sentidos. Lo que significa Cuba no se puede describir, se tiene que ver, que absorber y que vivir. Sabemos que tienen un ritmo diferente, que se mueven al ritmo de la salsa cubana, que son grandes consumidores y exportadores de puros y ron… Pero todo esto queda en un segundo plano en cuanto pisas la isla.

Cuba es pura historia, cultura, mezcolanza. Resulta curioso cómo una isla que ha sido invadida por pueblos tan diferentes, regidos de forma tan dispar y sufrido tantos altibajos haya sido capaz de desarrollar una identidad propia y una sociedad tan arraigada a su tierra. Lo mejor de Haití, de España, África, China, México y Norteamérica… se ha compuesto en un cóctel perfecto que sabe a pura esencia cubana. Aquí te presentamos un recorrido entre La Habana y Varadero para hacer en una semana de viaje.

COSAS QUE VER

En La Habana
Haz un tour por La Habana y pasa por los siguientes lugares: Universidad, Plaza de la Revolución, La Bodeguita del Medio, el Malecón, Plaza de Armas, el Parque Histórico… La Plaza de San Francisco y el hotel-bar Los Frailes, donde refrescarse con un mojito tradicional al son de la mejor música callejera cubana. Un recorrido por La Habana Vieja cargado de ritmo.

 
 
Coge un taxi clásico y disfruta de la charla con el taxista, recuerda apalabrar el precio del viaje antes de subirte. Ve al barrio de Jaimanitas, un vecindario reformado gracias a la técnica del mosaiquismo. Un cubano que estuvo en Barcelona se quedó prendado del estilo de Gaudí y se ha inspirado en eso para arreglar su propio barrio. Dicen que todo el dinero sale del bolsillo de este señor, quien ha conseguido darle un toque único a la zona.
Una vez que salgas del barrio de Jaimanitas puedes aprovechar y continuar con el taxi por el Parque Metropolitano de La Habana. Disfruta allí de un mojito tradicional y de un ambiente único, relajado y con la magia de los árboles centenarios y milenarios. El entorno es precioso, merece la pena dar un paso o pasar un rato tranquilo y de descanso por allí.

 

No te pierdas la fábrica de puros, la fábrica de ron, el Capitolio Nacional de Cuba, la Catedral de Cuba, el museo de la Revolución, Castillo de San Salvador de la Punta, Castillo de la Real Fuerza de la Habana, museo Habana Club, La Floridita. La Tribuna Antiimperialista de la explanada José Martí. Si eres ave nocturna o al menos te gusta la juerga, ve al cabaret Tropicana.

En Varadero
En el trayecto de La Habana a Varadero para en el municipio de Matanzas para tomar un refrigerio.
Por supuesto, disfrutar de la playa. Arena blanca y aguas turquesas, verdes, azules… estarás como en una película. Si además te hospedas en un hotel con playa y puedes tomarte una bebida mientras disfrutas del paisaje en tu hamaca… ¡no lo olvidarás jamás!
Viaje en catamarán, con animación y bebidas incluidas durante el trayecto, hasta llegar a los cayos (Por proponer uno, visita Cayo Blanco). Allí puedes comer en bufé libre a base de comida tradicional cubana y marisco a la plancha. No tardes mucho en llegar, es mejor comer pronto respecto a tu horario habitual para que la comida no se quede reseca.
 
Baño interactivo con delfines. Métete en el agua con ellos, tócalos con tus propias manos, mécelos, coloca las manos para que se tumben y abracen a ti, dales un beso y recíbelo de su parte. Para terminar, déjate fotografiar con ellos. En algunos sitios puedes grabar el espectáculo mientras lo vives, pero siempre que lleves una cámara que te permita llevar las manos libres para no dañar al animal (por ejemplo, una cámara deportiva colocada en la frente como las linternas de minero).
Pasea por el centro de Varadero, por el mercado de puestos y por el puerto.

 
Dónde comer
En cualquier esquina, pero si quieres algo más especial prueba una lujosa cena en el restaurante Sierra Maestra del Tryp Habana Libre y luego quédate en la discoteca ambientada por un grupo cubano.
El Hotel-bar Los Frailes en mitad de La Habana vieja también es un lugar con encanto para tomar un refrigerio. Y por supuesto La bodeguita del Medio, aunque no te dejarán grabar nada de lo que ocurra dentro del bar, que por cierto es bastante pequeño.
Si en Varadero te alojas en el Hotel Paradisus Princesa del Mar te recomendamos que visites el restaurante japonés, con espectáculo incluido.
Prueba la ropa vieja con tostones, el ajiaco (puchero con carne y cereales varios), la yuca con mojo, frijoles negros cubanos con arroz, el arroz blanco con huevo frito, el fufú de plátano, el picadillo a la habanera con plátano frito o el congrí con cerdo frito.

 
Dónde dormir
En La Habana puedes quedarte en el hotel Meliá Cohíba, a los pies del malecón. Para moverte por La Habana Vieja tendrás que coger transporte, pero en la puerta del hotel dispones de taxi-coco, taxi antiguos y autobuses. Además, este hotel dispone de una piscina con bar y comedor.
Para Varadero te sugerimos el hotel Paradisus Princesa del Mar, un resort muy completo con playa privada y restaurantes de todo tipo, gimnasio, piscinas… no te faltará de nada.

Puedes acceder a la lista de reproducción de Cuba pinchando aquí.








 
Primero  Anterior  1  2  Siguiente  Último  
Ir arriba